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2.1 Los laberintos en las distintas civilizaciones Los laberintos aparecen en la historia como mínimo hace 4000 años. Durante los primeros 3000 consistían en un solo camino enrollado, sin uniones. Estos laberintos no eran enigmas, pero en cambio se utilizaban en rituales y procesiones.
En otra parte de Europa, las tradiciones laberínticas también surgieron. En Escandinavia se han encontrado más de 600 laberintos de piedra en el mar Báltico, la mayor parte de ellos en Suecia. Muchos fueron hechos por pescadores que andaban a través de ellos deseando una buena pesca y un retorno seguro. Inglaterra contiene muchos laberintos que fueron, posiblemente, creados por los colonos del norte. En Francia, a partir del siglo XIII, los laberintos católicos medievales se utilizaron como pavimento de las catedrales góticas.
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2.2 Llegendes Los laberintos aparecen en las leyendas de las más antiguas civilizaciones del mundo antiguo como motivo de distinción y han tenido siempre misterios y secretos escondidos. Un claro ejemplo es el laberinto de Creta, que explicaremos y analizaremos a continuación, u otros encontrados en Palestina. Antes de todo, comentaremos los cuatro grandes laberintos de la antigüedad. En primer lugar, encontramos el laberinto Egipcio, el cual era un edificio rodeado de una pared, con 1500 habitaciones sobre el suelo y otras 1500 bajo tierra. Era un centro sepulcral para reyes y para los sagrados cocodrilos en el 2300 aC. También hay el laberinto de Creta que comentaremos más adelante y el laberinto de Lemnian, construido con un diseño parecido al del Egipcio. El último tipo es el laberinto Italiano, formado por una serie de cámaras en la parte más baja de la tumba de Porsena, particularmente difícil de resolver.
Las propiedades que estos dos laberintos comparten, y que sirven para definir un tipo de laberinto con una simple descripción matemática, pueden ser resumidas llamándolos simples, alternos y directos. Los llamaremos laberintos directos porque el camino no tiene bifurcaciones: en ningún momento podemos escoger entre dos caminos distintos. Por ejemplo, estos dos laberintos no son directos: en el primero, se puede salir por el mismo camino por el que has entrado; en el otro, hay momentos en los que el que está intentando encontrar la solución debe decidir el camino por el que se desviará. También podemos llamarlos alternos ya que el laberinto está distribuido en un cierto número de niveles paralelos o concéntricos, y el camino adecuado cambia de dirección cada vez que cambia de nivel. Por ejemplo, este laberinto, el cual representa el plano de Constantinopla en un libre de geografía arábiga medieval, tiene distintos niveles pero no es alterno: su secuencia de niveles es 0-3-4-5-6-7-8-9-10-1-2-11 i no puede ser considerada com una secuencia pròpia de un laberinto alterno porque cuando pasamos del nivel 10 al nivel 1, la dirección no cambia.
Simples porque el camino hace un círculo completo para pasar de un nivel a otro; se pasa por un nivel sólo una vez. Sin embargo, el laberinto que mostramos a la derecha, que era utilizado como pavimento en las catedrales y esculpido en un pilar de la Catedral de Lucca, no es simple: hay cuatro lugares distintos en cada "etapa" en la que el camino puede cambiar de nivel. Este laberinto parece haber aparecido como elaboración cristiana y amplificación del diseño de Creta y de sus descendientes romanos. El nuevo diseño era remarcablemente persistente, lo que queda demostrado en manuscritos medievales del siglo IX dC. |
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